Recién pasaba de la media noche, sólo trataba de conciliar el sueño y no sabe como describir lo que le ha venido sucediendo en varias noches. Suponía que había perdido la razón.
Tenía los ojos cerrados buscando dormir, su conciencia aún no lo abandonaba, y entonces oía el sonido que hace el celular al recibir un mensaje: ¡Rrring!.
Tomaba el teléfono con las manos y lo revisaba: "¡Te amo!" se leia en la pantalla. Sin motivo, sin importar el pasado, el presente o el futuro. Sabía quién era el remitente,no podía ser nadie más, lo verificaba. ¡Si, era de ella! Y sentía como el corazón se le iluminaba, no podía creerlo en verdad. Toda la sangre del cuerpo se le calentaba con tanta pasión y tanta locura. Hacia tanto tiempo que no se lo decía que parecían ya varios meses ¿Será posible?
No, no lo era. De pronto se descubría ahí, acostado en la cama, inerte, con los ojos cerrados, apretando las manos, esculpiendo sus versos, sin el teléfono en la mano.
No necesitaba manotear en la oscuridad para verificar si era verdad o no. Ya le había pasado antes. Está ocasión sólo sonrio y sin abrir los ojos le dijo a la oscuridad: "Que bello sería". La noche no necesitaba saber más, pero lo adivinaba. Sabía que él añoraba esos tiempos, donde los "Te amo" eran recurrentes y pertenecían al mundo de la vigilia y no al de las ensoñaciones.
Continuo con su descanso mientras se preguntaba: ¿Cual había sido su pecado? Quizá nadie nunca se atrevería a decírselo. Ni aunque fuera lo más justo, ni aunque se mereciera la verdad.
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