En una tierra extraña y diferente,
entre sangre, vísceras, lágrimas y sudor, no extrañaba a mi mujer, ni a mi paz, ni mi estúpida libertad , lo que en verdad extrañaba era mi cama.
Me gustaba el combate, era despiadado y certero, en una ocasión acabe con tres hombres, sólo tenía un par de balas y una balloneta, eso sino me traiciona la memoria.
No siento rgullo particularmente, sólo hice lo que un buen soldado haría, aguantar, aguantar y matar.
Si me dieran suficiente armamento, acabaría con la batalla por mi cuenta. La verdad es que preferiría no hacerlo, ganar o perder no me apetece, si así fuera regresaría al verdadero infierno que es la vida cotidiana.
En el mundo de lo cotidiano lo peor es que debes respetar ciertas reglas. Aquí sueltan mi correa y hago lo mejor que hacer, olvidar que soy humano.