sábado, 1 de junio de 2013

Amiga soledad.

Vino al mundo solo, como todos. Con una vida por vivir y un destino por descubrir. Alguna vez le cuestionaron que no todos llegábamos solos a este mundo, estaban los gemelos. Seres extraños y repetibles al parecer, el creía que muy a pesar de eso, nadie podría acompañarte en la cabeza. Si, podían venir en pares, tríos o hasta mas pero al final cada uno era por si mismo. 

Claro que han existido personas a su alrededor, personas importantes, que le han escuchado, entendido, soportado, herido, amado. Sin embargo, nadie podía experimentar en su carne el cumulo de experiencias vividas, los aciertos, los errores, las proezas, los fracasos.

La soledad no es algo a lo que se le deba temer, mas bien creía que debía abrazarla como propia. Asumirla, amarla, saborearla porque, los demás no siempre están ahí, nunca podrían estarlo todo el tiempo. Le tocaba afrontar los peligros de la vida por su cuenta, las mas de las veces era difícil y poco a poco se daba cuenta que así seria por el resto de sus días. No es como si se fuera a hacer mas sencillo con el paso de los años. 

Se sabia solo y no es que realmente le preocupara. Claro que, existe el compartir. Transmitir a los demás de lo que se trataba su vida y hacia donde se dirigía. Muchos desistieron en el camino, otros fueron abandonados, algunos se quedaron y nuevos se incorporaron. Hay quienes se empatan con el muy a pesar de las diferencias y quienes claudican a pesar de las similitudes. Así es, la soledad era aliada suya y siempre lo supo, desde que nació y así sera muy seguro hasta su muerte. 


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