Entonces algo sucedió, lentamente observaba como se movía, se colocaba horizontalmente frente a si mismo. La reconocía, era su mano. El dedo incide se apresuro hacia adelante mientras los demás se retiraron hacia su palma.
La observo detenidamente y tuvo tiempo hasta de maravillarse con su figura. Enfoco la mirada y perdió rastro de todo lo que había en la periferia. Le intrigo y le preocupaba el motivo que llevo a una parte de su cuerpo a moverse en esa dirección: ¿Por que? ¿Que era? ¿Que señalaba? ¿Necesitaba ver algo? ¿Para que?
El tiempo transcurrió apretadamente sin que lo notara. Al final, se abandono y entonces alzo la mirada:
Nada.
Solo una especie de vacío. Desperdició mucho tiempo valioso en tratar de comprender y ahora ya no había nada que ver. Resultaba imposible saberlo, sabia que no se repetiría, que el tiempo no volvería sobre sus mismas huellas, no para él.
Había perdido algo para siempre y sintió un gran vació en su estomago. No, algo estaba mal, no parecía que así debieran ser las cosas.
No parecía que así debieran ser las cosas.
Entonces se entero y también se aterro: no importaban las preguntas, no importaba el motivo, no importaba el evento perdido. Lo que realmente importaba era que el dedo señalaba en la dirección equivocada, que buscaba afanosamente algo fuera de si mismo; pretendía llenar un vació con algo externo. Grave error, oh grave y torpe error. No sabia que siempre ha estado dentro de él mismo, la búsqueda erraba su dirección y era momento de mirar hacia adentro. Así es como son las cosas.
Así es como son las cosas.
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